Matoll

Matoll

R52

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Grabado y mezclado por Toni Sistaré en Lazy Studios, Igualada.

Masterizado por Víctor García en Ultramarinos, Barcelona.

Diseño: Oriol Vives

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Matoll

Después de ofrecer un álbum tan idiosincrásico como ‘Les hores’ en 2010 (bajo el pseudónimo Inot Eratsis) y tras retorcer y llevar el pop en catalán a otro nivel, con Ghandi Rules OK (junto a su buen amigo Oriol Solé), ahora Toni Sistaré se desmarca con esta nueva banda. En Matoll le acompañan Marc Vila y Jordi Palau. Juntos publican éste, su primer disco homónimo.

Aquí el sonido años 90 de algunas guitarras (interiorizadas por los tres miembros del grupo desde su mocedad) puede convertir ese primer play en un chapuzón de pop familiar bien refrescante. Y aunque es verdad que en este disco hace calor, que es todo luz y que retumba a local de ensayo, también es cierto que hay mucho más.

En sucesivas escuchas, el umbral de sorpresa se irá extendiendo hasta ofrecer buena sombra. El don de Sistaré para la melodía, su frescura, el desparpajo en los riff… cada una de esas bazas ha sido alineada y dispuesta, con tal de conseguir que la canción más inocente (en apariencia), la más instantánea y la más efectiva se vayan desgastando con cada nuevo uso, descoloriendo hasta descubrir – y ahí reside el gran valor – su contenido poético.

Como Sistaré ya hiciera en ‘Les Hores’, ‘Matoll’ participan de la escena poética emergente y no solo en forma de implementación lírica. Aquí repite su autora fetiche, Bego Ricart, responsable de prácticamente la mitad de los textos (‘Intro’, ‘M’ofego abans’, ‘Flors cap a dins’, ‘Llamp’ y ‘Freds’). De igual modo, el disco sirve para reivindicar otra referencia indiscutible de su Igualada natal: María Santfores (U-Tòpics, Princess Plan), quien firma y pone voz a ‘Dins el meu son’.

Es evidente que por ejemplo ’Detalls’, ‘Hem sentit a dir’ o ‘Perspectives’ son hits (en el sentido pegada del término), sin embargo aquí lo interesante es de qué modo se utiliza esa inmediatez. Porque en ‘Matoll’ lo plausible y lo reconocible están a merced de un espectro de exigencia e insatisfacción mucho más amplio. Al servicio de una verdad no evidente, de lo ínfimo, de la proyección de imágenes.

En fin, esto es un disco de pop. Pero gracias a ese hastío elevado e inocente que solo se da en la provincia, queda de por sí (por naturaleza) apartado, ileso, fuera del alcance de las garras del convencionalismo y de la tendencia. Larga vida a Matoll.