Oriol Solé

Cadells

R32

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Grabado y producido por Oriol Solé, y mezclado por Oriol Solé
y Toni Sistaré en Lazy Studios, Igualada

Masterizado por Frank Rudow
en França Xica, Barcelona

Artwork Oriol Solé

Lanzamiento 18 de Febrero
de 2014

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Cadells

Después de un trayecto instalado en el anonimato de las grabaciones caseras y al margen de los proyectos de los que forma parte (Alado Sincera y Ghandi Rules OK, bandas con las que ya ha publicado tres álbumes, un EP y un 7 pulgadas hasta la fecha), Oriol Solé debuta con este trabajo titulado ‘Cadells’. Una obra en busca del equilibrio dicotómico entre el pop y el ruidismo que, sin proponérselo, trasciende lo predecible en ambos campos.

Minimalismo, psicodelia, improvisación, field recordings… las composiciones de Solé se nutren de la experimentación más variopinta. Cada canción se construye a partir de un frágil e inacabado esqueleto, con el que es capaz de abrir camino hacia espacios bien inciertos. Son lugares poco transitados, donde el espíritu abstracto que recorre gran parte del disco puede vestirse de concreción, errática o de latente serenidad, pero poderosamente evocadora. Su abrupto armazón alberga detalles cargados de emoción (despojada de afectación alguna) que se diseminan pacientemente, como salvoconducto, cuasi recurrentes en mitad de la dispersión. Una no linealidad que inaugura ‘Quinze Dies’, al referirse a la imprevisibilidad que arbitra el devenir en (...) sé que com més dies compto menys en queden / perquè se m'acabi de curar la cama del tot / però potser no el braç (...) y que ‘Daus’ ya deposita en manos del azar (...) Perdo un dau i va escales avall i no para de girar / encara no / què? (...).

Tanto en los temas cantados como en los interludios instrumentales numerados, su lenguaje busca lo bello en las esquinas más ariscas por las que transita, en un juego que puede reflejar el amateurismo inocente y descarado de Tori Kudo, el preciosismo hermético de Eluvium, el discurso narrativo de Phil Elverum, la mística cósmica de Richard Youngs, el misterio punzante de Slint, el low-fi alérgico y cálido de Pumice, o los drones melódicos de Alasdair Galbraith.

Como los cachorros (cadells) a los que se refiere, rebosantes de vida pero indefensos ante el mundo que los acecha, Oriol Solé pretende congeniar un diálogo armonioso entre lo lírico y lo sonidista. Es capaz de hacer aparecer a Ofelia postrada en un lecho de belleza abandonada en ‘Al Llac’ y cantarle al amor. Un amor reflejo de un espejo en ‘Maniquins’ o como redención, en ese retorno a Ítaca al que parece remitir ‘Altituds’. En definitiva, la manera de entender cada pieza varía en función de la historia a la que se adscriba, y de ésta en relación al conjunto. Al álbum. A una misma canción que va sucediendo de trece maneras distintas, aunque parejas.